Comunidades indígenas y locales: Guardianas de la biodiversidad

Casos emblemáticos van desde La Araucanía a la Tierra del Fuego.

Pese a la degradación ambiental y al cambio climático, los conocimientos y las prácticas de los pueblos indígenas y las comunidades locales han permitido la conservación de la biodiversidad en sus territorios, por lo que se estima fundamental considerar los modelos de conservación de la naturaleza de esas comunidades.

En Quinquén, Mapu Lahual, Isla de Juan Fernández y Karukinka, sus comunidades mantienen ejemplares prácticas de conservación y uso sostenible de la biodiversidad, de acuerdo al Informe Anual 2017 del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) que profundiza en esta temática.

Quinquén

La comunidad mapuche-pehuenche de Quinquén, en La Araucanía, impulsa una iniciativa de conservación que abarca una superficie aproximada de 10 mil hectáreas de tierras, constituida por bosques nativos de altura, los que incluyen la Araucaria Araucana, especie amenazada que constituye un árbol sagrado para este pueblo.

En la actualidad, protege la biodiversidad de paisajes y ecosistemas, impulsa la gestión culturalmente apropiada del territorio y desarrolla iniciativas como el manejo sostenible de bosques y circuitos de ecoturismo y turismo comunitario, ayudando a las comunidades a generar una economía sustentable.

Red de Parques Mapu Lahual

Otra importante experiencia de conservación es la que impulsan comunidades mapuche-huilliche en la costa de la Provincia de Osorno, en la Región de Los Lagos, conocida como Red de Parques Mapu Lahual.  Esta iniciativa involucra a nueve comunidades y comprende una faja de unas 60 mil hectáreas, que incluye los espacios costeros aledaños.

La red elaboró el Plan Maestro Rewe Mapu Lahual, herramienta de planificación que guía sus acciones de conservación y ha recibido el apoyo de la agencia de cooperación para el desarrollo del gobierno neozelandés para implementar el proyecto sobre Gobernanza y Medios de Vida Sustentables en el Territorio Mapu Lahual, a fin de mejorar la gestión de cada comunidad y lograr acuerdos de trabajo con organismos estatales.

Sin embargo, los problemas que aquejan principalmente a esta iniciativa son la ausencia de reconocimiento legal de la propiedad de la tierra, la falta de protección frente a la proliferación de solicitudes de exploración y explotación minera, así como la inscripción de derechos de aguas en el territorio comunitario por parte de terceros.

La langosta de Juan Fernández

La langosta es el sustento económico de más de 600 habitantes del archipiélago de Juan Fernández y su extracción se realiza de forma artesanal. Los habitantes se han autoimpuesto regulaciones para el cuidado de este demandado recurso, procurando una pesca de pequeña escala, el uso de trampas de madera, vedas de a lo menos cuatro meses, la demarcación de zonas prohibidas para su captura, así como el monitoreo y control ejercido por los propios pescadores de las distintas islas.

Las características sustentables del modelo extractivo de la langosta en Juan Fernández, ha sido documentada y estudiada en los últimos años, derivando en la obtención de la certificación internacional Blue Seal del Marine Stewardship Council (MSC) en el año 2015, que la situó como la primera pesquería artesanal sostenible de América Latina.

En Tierra del Fuego

Finalmente, el Parque Karukinka, de propiedad y bajo custodia de Wildlife Conservation Society (WCS), constituye el área protegida de mayor tamaño en la Isla de Tierra del Fuego. Con casi 300 mil hectáreas tiene un valor ecológico que radica en la conservación de las mayores extensiones de bosque primario existentes en el mundo en esta latitud, los más amplios humedales de la región, y reservas de carbono de valor global. Además, protege la mayor población de guanacos en Chile y otras icónicas especies patagónicas como cóndores, zorros culpeo y elefantes marinos.

El modelo de gestión del Parque Karukinka involucra un plan de uso público en el área, con énfasis en la educación ambiental. Actualmente, este programa ha trabajado con niños y niñas de 45 establecimientos educacionales de la región, siendo premiado por autoridades regionales y por el Ministerio del Medio Ambiente.

Las acciones de conservación e investigación desarrolladas en el Parque Karukinka llevaron a su reconocimiento en 2014 como Área de Interés Científico por parte del Ministerio de Minería, lo que ha permitido la protección de las turberas, humedales que constituyen la mayor fuente de agua dulce de la región.

Fuente

Instituto Nacional de Derechos Humanos

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