CARTA A CARLOS LOPEZ (Q.E.P.D ), DESDE BERLIN DEUTSCHLAND.

En nuestra ciudad ondeaban bríos de cambio. Un tiempo político bastante álgido.

Yo era un quinceañero que, no mucho entendía de la seriedad del momento, del momento chileno o del momento de nuestra ciudad, Vallenar.

Eran momentos de muchas preguntas, preguntas a nivel local y nacional, desde no entender de porque teníamos que cantar los días lunes el himno nacional, ingenuamente, o de las apariciones de gente muerta en los alrededores, pero Nadie hablaba de ello directamente, no habían muchos comentarios, pero si entendíamos que se vivía en dictadura.

En aquel entonces antes del plebiscito, los diferentes partidos políticos aparecían sin miedo alguno, con voz fuerte cada uno de ellos enunciaban sus argumentos. Estaba todo polarizado, era el momento del si y del no, si a que Pinochet continuará y no que no siguiera y entregará el poder.

Yo era un liceano como cualquier otro, con sueños como cualquier otro. Pretendiendo lo que cualquiera en esa edad pretende, proyecciones, sueños, anhelos, desafíos. El deporte fue lo que me hizo entender algunas cosas más tempranas, pero a esa edad, es siempre todo de por sí tan inestable...

Había terminado la jornada del liceo, a mitad de la semana, un día normal, y Francisco Zepeda, que en aquel tiempo, después del horario de Liceo, repartía un humilde diario de izquierda en la ciudad,  me invitó a escuchar a alguien que, hablaría sobre política.

La primera impresión al estar ahí escuchando a esa persona, era la valentía del “que “y

Del “como “argumentaba sus pensamientos políticos, me impresionó verlo tan

Inmenso y convencido de lo que decía.

Se llamaba Carlos López...

Marcos su hermano menor era de mi edad, un adolescente muy despierto e inteligente. Marcos en aquel entonces pertenecía a la organización estudiantil del liceo en donde yo estudiaba, el Liceo A7.   Yo, en lo personal, no era muy amigo de Marcos pero éramos buenos conocidos.  Con él tiempo, todos nos fuimos definiendo, el país, la región, la ciudad y nosotros mismos.  Chile voto por la no continuación de Pinochet y empezó un tiempo de transición. De muchos cambios sociales. Carlos fue designado como Gobernador de de la ciudad, había mucha esperanza de empezar de nuevo. Yo destacaba en la ciudad como deportista y muy mal estudiante. Así lo conocí y así nos hablamos, siempre honesto y preocupado.

Un día cualquiera para la cuidad pero,  no para nosotros, los que éramos los hijos de los hijos de la ciudad, pues, clasificábamos en basquetbol después de mucho tiempo al nacional federado, todo un evento y logró deportivo para nuestra ciudad y yo era el capitán del equipo de la ciudad y antes de jugar la final del certamen,  estaba en el camarín y el entrenador me llama y me dice de que alguien quería hablar conmigo, salí y me sorprendió ver al Gobernador de de la ciudad.

Eres un líder, dijo. Actúa como tal y gana esta final...

Le estreche en un abrazo, muy pero muy desconcertado y sorprendido de la veracidad del momento pero más aún, de la formalidad y sobriedad, que con el tiempo me di cuenta que era propia de el.   Me regalo un papel puesto en un sobre. Tenía mi nombre, nunca lo revele ni hable de ello, lo encontré tan personal. Solo hoy hablaré de ello. Era una nota que decía lo siguiente:

“Sobre todo examina lo habitual. No aceptes sin discusión las costumbres heredadas. Ante los hechos cotidianos, por favor,

No digan... Es natural...

Es una época de confusión organizada, de desorden decretado, la arbitrariedad planificada y de humanidad deshumanizada...

Nunca digan... Es natural...

Para que así todo pueda ser cambiado. “

Leí aquel papel antes de entrar a jugar... Al final de este cuento deportivo, la ciudad obtuvo la clasificación al torneo nacional federado que tanto habíamos esperado por generaciones.

Nos entregó la copa de campeones regionales zona norte, desde la primera región hasta la cuarta, fuimos los campeones indiscutibles. Así lo conocí, en periodo grande de transición en nuestro país, en donde Nadia sabia como empezar pero lo concreto el lo político social es que no había más dictadura y así lo expresó el mismo que, siempre estuvo conmovido por los sucesos sociales y por supuestos políticos.

Hoy tengo casi 45 años de edad, vivo hace más 17 años en Alemania, en Berlín y como todos mucho estudios y mucho trabajo, soy esposo y padre de tres hermosos hijos. Doy cátedras en diferentes universidades. Me encontraba en una de ella cuando repentinamente sonó mi teléfono. Era mi madre desde Chile... Me sorprendió por el horario en que llamó, pues a la distancia, todo es más difícil y todo suena más grande.

Pasó algo pregunte.

Mi madre respondió, hijo tengo que contarte una mala noticia, intente apoyarme de algo

Me dijo,

Te acuerdas de Carlos López?

Claro que si... Respondí... Como no me voy a acordar...

Bueno hijo, se ha muerto.

Lo primero que se vino a mi mente, fue la imagen de Marcos su hermano, quien había muerto un hace ya un par de años. No sé porque pensé en Marcos al momento de escuchar lo que mi madre, tal vez porque también me enteré de su muerte estando en el extranjero, al teléfono. Mire a los estudiantes desde el rincón de la sala en donde realizaba mi cátedra, los mire incrédulo y muy desconcertado, porque rápidamente había sido trasladado, transportado, a momentos de mi vida en la ciudad en donde había nacido con personas que, en cierta forma te marcan y tales situación perduran en el tiempo.

Fui trasladado, a través de la conversación con mi madre, Ahí, donde yacen los recuerdos que duelen y los mismos que uno, con el tiempo quiere proteger.  Seguí haciendo mi cátedra pero muy descontextualizado porque como dije anteriormente, son varios sentimientos y emociones que vienen rápidamente y al mismo tiempo.

Tengo sentimientos encontrados al pensar en la muerte de Carlos López, pienso también en Mai Lan, su Señora que también es amiga mía, pienso en su linda familia que construyeron, pienso en Marcos López su hermano, y así pienso te bien en mis ciudad, por ello si pienso en Carlos López pienso inmediatamente en la quinta valle, en el centro de la ciudad, pienso en la ciudad Vallenar. La ciudad en donde nací y crecí, el lugar en donde Carlos hizo mucho, queriendo o no queriendo, estuvo siempre involucrado en el quehacer de la ciudad, de alguna forma u otra. Porque así era el, padre y esposo, amigo y consecuente con sus ideas y sus palabras.

Tengo nostalgia. Como aquel quinceañero de esta misiva. Tengo nostalgia por el olor de la ciudad, de los que viven allá, que tanto ha cambiado, que tanto no ha cambiado, querámoslo o no, el cambio viene igual, porque es movimiento, así la muerte también lo es, pero duele.

Descansa en paz amigo Carlos López.

Amigo.

  1. La Nota que me entregaste en aquel campeonato de Basquetbol en vallenar, hace más de mil años, la  escribió  Bertolt Brecht Director de en Teatro aleman. Al continuar mis Estudios Aquí en Alemania, reconocí la escritura y el contenido. Hermosa anécdota.

Desde Berlín Alemania.

Javier Opazo Madariaga.

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